87.
El verdadero desafío llegó cuando los medios intentaron construir una narrativa nueva: ya no sobre la crisis, sino sobre mí. Sobre “la CEO que cambió las reglas”. Sobre mi vida personal. Sobre Gavin.
No respondimos. No alimentamos nada. Seguimos trabajando.
Y, poco a poco, el interés se diluyó.
Porque el escándalo no sobrevive donde no hay espectáculo.
Una noche, mientras Mateo dormía y la casa estaba en calma, me apoyé en el hombro de Gavin.
—¿Sabes qué es lo más raro de todo esto? —le dije.
—¿Qué?
—Que por primera vez, no siento que tenga que demostrar nada.
Gavin sonrió.
—Eso es poder real, Mil.
Cerré los ojos.
No sabía exactamente cómo sería el futuro.
Pero sabía algo con absoluta claridad:
Había dejado de sobrevivir.
Y había empezado, por fin, a vivir con intención.
Y eso… ningún consejo, ningún mercado, ninguna herencia podría arrebatármelo.
Los meses siguientes fueron intensos, pero distintos. Viajes medidos. Decisiones claras. Mateo adaptándose a un mundo donde su madre ya no