88.
Lola permaneció de pie frente a mí, con las manos entrelazadas a la altura del abdomen, manteniendo esa postura profesional que tan bien conocía. La misma de siempre. Correcta. Respetuosa. Medida.
—Gracias —respondí finalmente—. Mateo es… lo más importante para mí.
Ella asintió con suavidad. Durante unos segundos, ninguna de las dos habló. El silencio se volvió espeso, cargado de recuerdos que no pedían permiso para aparecer.
—No esperaba verte aquí —admití al fin—. Pensé que ya estabas trabaja