La noche en que Gavin volvió a ver a Camila después de su breve separación emocional fue distinta a todas las anteriores. No había tormenta, ni discusiones pasadas, ni silencios incómodos acechando entre ellos. Lo que había era una calma rara, como si ambos hubieran cruzado una puerta invisible hacia una nueva etapa, más profunda, más honesta, más arriesgada. Y esa calma, sin embargo, contenía una intensidad que les quemaba el pecho.
Camila llegó al apartamento de Gavin sin avisar. Él estaba en la cocina, cortando frutas para un batido, cuando escuchó tres golpes suaves en la puerta. Su corazón dio un vuelco, pero no porque esperara a alguien, sino porque intuía quién era. El cuerpo sabe antes de que la mente comprenda.
Abrió la puerta y ahí estaba ella, con una expresión mezcla de decisión y vulnerabilidad. Gavin sintió que algo en su interior se aflojaba, como si llevara días conteniendo la respiración.
—Hola —dijo Camila, apenas un hilo de voz.
—Hola… —respondió él, sin poder evita