El amanecer siguiente se abrió como una herida luminosa sobre el horizonte, y Sofía despertó con la sensación de que el sueño que había tenido no era un simple sueño, sino una advertencia envuelta en símbolos. No recordaba del todo las imágenes, pero sí la emoción persistente: una mezcla de urgencia y nostalgia, como si algo —o alguien— la llamara desde un lugar al que aún no sabía llegar. Se incorporó lentamente, sintiendo la frescura áspera del aire que entraba por la ventana entreabierta, ll