6. Adelante, levántate.
CARLOS
—¡Por favor, Camila! ¡No me dejes!—
Hacía mucho calor. El fuego se había extendido por todos los rincones: las paredes, el techo, el aire. Tosía por el humo espeso; me picaban los ojos. El infierno. Dios mío, el infierno.
—¡Camila! —Mi voz estaba ronca, casi rota—. ¡Camila, vuelve!—
Ella está detrás de las llamas, con su vestido blanco intacto. Detrás de ella, una puerta resplandeciente se abre a un jardín de flores. El cielo espera.
Me arrastro, con la piel ampollada y el aliento ardien