43. Punto de inflexión
Camila
Gavin suspiró profundamente antes de pulsar el botón verde de la pantalla de su teléfono. Activó el altavoz sin mirarme, como si ya supiera que yo quería escuchar la conversación.
—¿Sí, papá? —su voz sonaba monótona, pero yo podía sentir la tensión en su pecho.
La voz de William llenó inmediatamente la habitación: fría, áspera y con el tono de alguien acostumbrado a ver el mundo solo en dos colores. Lo correcto y lo incorrecto.
—Gavin. Estaba viendo la televisión. He leído las noticias esta mañana. Quiero saber por qué el director general de Matthew Corp. ha regresado a Indonesia contigo, sin traer a su hijo. ¿Por qué aparece tu nombre en un escándalo sensacionalista de mala calidad? Dijiste que ibas a Melbourne por trabajo. ¿Era mentira?
Gavin cerró los ojos durante una fracción de segundo.
—Papá, se trata de una grave crisis corporativa. Camila necesita a su asesor legal.
—¿Asesora legal? ¿O amante? ¡Ya sabes cuál es nuestra reputación, Gavin! ¡Le prometí a Tasya que me tomarí