39. El regreso de la reina rota
Camila
Desde el momento en que pisé Melbourne, me prometí a mí misma que nunca volvería a vivir en Indonesia. Había demasiadas heridas, demasiados recuerdos que me carcomían el alma. Melbourne era mi nuevo hogar, el lugar donde construí una segunda vida con Mateo, el lugar donde aprendí a respirar de nuevo después de que mi vida se hiciera pedazos.
Pero Gavin tenía razón. Esta guerra no había terminado. Puede que incluso acabara de empezar. Seguía necesitando mi empresa, y conservarla significaba aceptar riesgos mucho mayores que la comodidad de vivir en esta ciudad. Uno de esos riesgos era volver a Indonesia y enfrentarme a la tormenta de frente.
—Entonces... ¿quieres que vuelva a instalarme en Indonesia? —pregunté lentamente. Mi voz era ronca, como si tuviera una gran piedra atascada en la garganta.
—Por ahora, sí, Mil —respondió Gavin, tranquilo pero firme—. Hasta que el nombre de Matthew Corp quede completamente limpio. Hasta que Cassandra y todos sus secuaces sean arrestados. Hast