En cuanto llego a la casa, entro con prisa, topándome de frente con mi nana, quien me mira con el ceño fruncido y los brazos cruzados, lista para darme una reprimenda.
—¿Qué sucede, Nathan? ¿Por qué…?
—Ahora no, nana. Más tarde hablamos —la corto, mientras subo corriendo las escaleras hasta llegar a mi habitación y entrando como un bólido—. ¿Giselle? —pregunto con una calma que no siento en este momento—. ¿Estás aquí, cariño?
Cierro la puerta detrás de mí y aunque una parte egoísta de mí, desea