—¡Basta, Nathan! —me pide pretendiendo sujetar mis manos—. No me convencerás de esta forma —afirma después de algunos segundos, moviendo su rostro en un intento por rechazar mis besos, no obstante cuando mi mano sube hasta sus senos y aprisiona ligeramente uno de ellos, un sutil gemido escapa de su boca desmintiendo por completo su negativa.
—Sé que aunque me pidas eso, en realidad deseas que continúe —respondo, ignorando su petición y rasgando su vestido, provocando que los elegantes botones q