—¿O es qué sientes tantos celos de mí por estar embarazada, que te es imposible abrir la boca? —cuestiona, acariciando con malicia, su redondeado vientre.
Desvío la mirada para evitar romper en llanto y cuando la mano de Nathan se aferra con fuerza en mi cintura, pegándome a su cuerpo como si quisiera protegerme de las malintencionadas palabras de la mujer, me obligo a fingir que estoy bien.
—Creo que mi esposa en realidad está preocupada por el futuro que le espera a esa pobre criatura a lado