Oliver
Observo como Giselle se da la vuelta y tomada de la mano del infeliz de Dubois, se aleja de mí sin importarle que le ordene regresar. Doy un paso al frente para seguirlos cuando una mano me detiene.
—¿Qué estás haciendo Oliver? —me cuestiona mi madre bastante alterada.
—Tomar de regreso a mi esposa y…
—Esa maldita golfa no volverá a pisar mi casa —me advierte, mirando con rencor hacia la mujer que poco a poco desaparece de nuestra vista—. Será mejor que demos por terminado este evento. P