Nathan
Cuando llego a la oficina frunzo el ceño al escuchar todos los murmullos a mi paso, pero dado que yo propicié esto no me queda más remedio que morderme la lengua y fingir que no me molesta ser el centro de su cotilleo.
—¡Buenos días, jefe! —me saluda Scarlett en cuanto aparezco en su campo de visión y aunque sigue siendo igual de cordial como siempre, puedo darme cuenta de que también me mira como si no diese crédito que me haya metido con una mujer casada y lo más importante de todo, l