Las puertas del ascensor se abren y cuando una lujosa sala de espera aparece frente a mis ojos, me remuevo un poco incómoda en mi lugar al sentir que no encajo en este lugar.
La rubia posa una mano en mi hombro para indicarme que la siga y cuando la veo charlar animadamente con otra mujer igual de risueña que la que nos recibió abajo, me quedo parada sin saber qué hacer hasta que me piden que tome asiento por un momento en lo que la doctora termina con su paciente.
—Yo la esperaré aquí —me info