La madrugada encontró a Olivia en el mismo lugar donde Alexander la había dejado. Sentada en el sofá del estudio, inmóvil, las horas pasando con una lentitud agonizante. Las 4:32 AM brillaban en el reloj de pared.
El ático estaba en silencio. Demasiado silencio.
Alexander no había regresado.
Y cada minuto que pasaba era una respuesta más clara que cualquier palabra que pudiera haber dicho.
La semilla que Isabella había plantado meses atrás —con sonrisas calculadas, con preguntas sobre lluvias e