La tensión había alcanzado un punto de ebullición silenciosa. Durante tres días, Olivia y Alexander habían interactuado como dos espectros corteses, cada palabra medida, cada gesto calculado para mantener la máxima distancia con la mínima fricción. Pero para Olivia, la presión interna era insoportable. La duda, como un ácido, le corroía las entrañas. Ya no podía soportar la ambigüedad, la niebla de incertidumbre en la que se debatía cada instante junto a él. Necesitaba una respuesta, una confro