El comedor era una cámara de torturas revestida de seda y caoba. Una mesa que podía albergar a treinta personas se extendía bajo la luz tenue de otra araña descomunal, cuyos cristales arrojaban destellos como lágrimas congeladas sobre la vajilla de porcelana fina y los cubiertos de plata maciza. Olivia se encontró sentada entre un primo lejano de Charles que olía a naftalina y Alexander, quien, a su vez, tenía a Eleanor a su derecha. Charles presidía la mesa desde el extremo opuesto, un rey en