Permanecieron así un largo rato, en el pasillo silencioso, sosteniéndose mutuamente. El mundo exterior, con sus policías y sus preguntas, podía esperar.
Finalmente, Olivia se separó un poco. Sus ojos estaban rojos, pero secos.
— Necesitas que te revisen ese corte.
— Tú necesitas que te revisen la cabeza.
— Después — dijo ella, haciendo eco de sus palabras.
Entraron al salón. Evitaron mirar el desorden. Alexander se sentó en el sofá. Olivia trajo un botiquín de primeros auxilios.
Se arrodilló fr