El domingo en el parque era un ritual grabado en hueso. Una promesa semanal de normalidad. Para Olivia, esos momentos eran más que diversión para Emma. Eran la prueba física de que su vida nueva funcionaba. Que la paz era posible. Que la felicidad podía ser simple, desordenada y real.
Esa mañana, el cielo era de un azul despiadado. El sol calentaba con una insistencia primaveral que olía a tierra húmeda y a hierba recién cortada. Olivia se había sentado en su banco habitual, en el borde del are