Los dos días que siguieron al primer simulacro fallido fueron los más intensos que Olivia había experimentado desde su llegada a Blackwood Manor. Thorne, ahora con una frialdad aún más marcada, redobló la intensidad del entrenamiento. Ya no se trataba solo de comprender conceptos, sino de dominarlos hasta el punto de la automaticidad.
—No puede permitirse el lujo de pensar en la respuesta —le espetó Thorne durante una sesión de preguntas y respuestas relámpago—. Debe saberla. Su mente debe ser