La ira de Alexander duró poco. Fue un incendio intenso y breve. Cuando las llamas se apagaron, solo quedó la ceniza. Y el humo. Un humo frío y espeso que lo envolvía todo. Era la ausencia de Olivia.
Esa ausencia tenía sonido. Era el silencio absoluto del ático al amanecer. Antes, se escuchaba el leve roce de sus zapatillas. El susurro de su bata al pasar. El agua corriendo en el baño. Ahora, solo el zumbido bajo del aire acondicionado. Un sonido constante y muerto.
Esa ausencia tenía olor. Ante