Léa
No sé cómo aún me sostienen las piernas.
La puerta se cierra detrás de mí, pero el ruido resuena en mí como un trueno. Bajo las escaleras sin volverme. Me ahogo. El aire del apartamento se ha convertido en veneno, y necesitaba huir antes de asfixiarme de verdad.
La lluvia me recibe a la salida del edificio. Fina, helada, se desliza sobre mi piel como una respuesta muda a lo que acabo de vivir. Hubiera querido que me retuviera. Que dijera mi nombre de otra manera, sin esa voz rota. Hubiera q