Léa
Son cerca de las ocho cuando llega Inès.
No dice nada. No hace preguntas. Simplemente me abre la puerta y me espera, motor encendido, calefacción al máximo.
Me siento a su lado, empapada, helada, exhausta. Tengo la sensación de haber dejado una parte de mí en esta noche. Como si la lluvia hubiera lavado mi piel hasta hacerla desaparecer.
Nadie habla. Y quizás eso es lo que más me gusta de ella.
Ese silencio que sabe llenar con una presencia completa. No es un silencio incómodo, ni un