Léa
El frío se insinúa en mis huesos. No por la temperatura, sino por lo que acabo de ver. Camille, en puntas de pie, aferrada a Maxime como si todavía le perteneciera. Y él, inmóvil, demasiado lento para rechazarla.
En un breve segundo, mi corazón se detiene. Luego se acelera, golpeando tan fuerte contra mi caja torácica que me da mareo. Debería irme. Huir. Sería más fácil. Pero mis pies permanecen clavados en el suelo. Un calor ácido me sube a las mejillas, una melancolía rabiosa me aprieta l