Maxime
19h. Café Montmartre.
Llegué diez minutos antes, incapaz de esperar más tiempo. El lugar es discreto, un poco apartado, perfecto para una conversación sin miradas indiscretas. Elijo una mesa en el fondo, lejos de las ventanas, y pido un café negro.
Mis dedos golpean nerviosamente contra la porcelana de la taza. Mi mirada no deja de desviarse hacia la puerta. Cada silueta que pasa me hace estremecer.
Luego, ella entra.
Léa.
Lleva un abrigo beige ceñido a la cintura, su cabello suelto cae