— Lola, ¿Me permites hablar un momento con mi hija? — preguntó, pero tanto Lola como yo nos dimos cuenta que era más una orden que una petición.
Lola salió de mi habitación y sucedió lo que yo ya temía, mi madre me tomó por el brazo hundiendo las uñas para hacerme daño.
— Dime Isabel, ¿Dónde aprendiste a escuchar detrás de la puerta? ¿Acaso creíste que no me daría cuenta? — Me interrogó con esa mirada fulminante que me dolía más que sus uñas en mi brazo — Escúchame bien — dijo — tu padre