Mateo no dudó ni un segundo.
Después de escuchar a sus hermanas, algo dentro de él se quebró. No podía quedarse esperando mientras otros hablaban por él, mientras otros decidían por Alma. Tenía que verla.
Tenía que saber si estaba bien.
El viaje hasta Luminaria fue largo, pero no lo sintió. La ansiedad le marcaba el ritmo, el pensamiento fijo en una sola idea: Alma.
Cuando llegó, la casa estaba en penumbras. Demasiado silenciosa. Mateo frunció el ceño, bajó del auto y caminó hasta la puerta. To