Esa noche, Alma y Tomás durmieron juntos. No fue solo el cuerpo. Fue el abrazo.
El silencio compartido. La forma en que sus respiraciones se acompasaron como si nunca hubieran estado separados.
Hablaron durante horas. De cosas simples. De su infancia. De recuerdos que creían olvidados. De sueños que alguna vez habían tenido juntos.
Alma lo escuchaba fascinada. Había algo distinto en Tomás. Más abierto. Más presente. Más… real.
Por momentos, sentía que el tiempo había retrocedido. Como si fueran