Tomás y Alma finalmente hablaron.
Ella no sabía por dónde empezar. Las palabras se le amontonaban en la garganta, pesadas, torpes. Cuando notó la impaciencia de Tomás —ese gesto rígido, la mandíbula tensa— decidió ir directo a algo concreto, a lo único que sentía que podía explicar sin romperse del todo.
Le contó que el día que lo escuchó hablar había tenido una reunión con Esperanza.
Le explicó que estaban pensando en retomar aquel viejo sueño compartido: crear una empresa juntas. Algo pequeño