La casa de Laura estaba irreconocible.
Guirnaldas blancas y doradas colgaban desde el balcón, luces cálidas rodeaban el jardín y una enorme mesa de dulces ocupaba el centro del patio. Todo era excesivo, perfecto, cuidadosamente calculado. Laura siempre había sido así: si hacía algo, lo hacía para ser vista.
Era la primera vez que invitaba a su círculo íntimo a la casa de playa, siempre había optado por celebrar sus eventos en otros lugares pero está vez necesitaba posicionarse de alguna manera