—¡¿Pero qué barbaridad es esta, Suzy?! —rugió mi papá, dándose la vuelta tan rápido que casi se choca con la pared. Tapó los ojos de mamá con una mano como si eso fuera a disolver lo que acababan de ver.
—George, suéltame. Ya lo vi todo… y no estábamos preparados para tanto. —Mami susurró ese último como si Tenzin fuera una escultura viviente de algún proyecto.
Yo me levanté de un salto, o eso intenté. La blusita se me subió hasta el ombligo y mi dignidad quedó atrapada entre las costuras.
-¡PA