—¡Oh, no, no es eso! Es… es… una reacción fisiológica. Nada más.
—¿Reacción a qué? ¿Al miedo?
—No, no, claro que no. Es solo… el calor… y…
Se queda en blanco.
—Tranquilo —dice ella, llevándose una mano al pecho—. No tienes que explicarme nada. Aunque debo decir… estás muy vivo para un monje en entrenamiento y retirado.
Él desvia la mirada, con las orejas rojas.
—Lo siento. De verdad.
El se iba a alejar pero ella lo abraza más fuerte.
—No tienes que disculparte por ser hombre, Tenzin. Además… —s