Respirando profundo y más calmado, Tenzin se puso frente a ellos. Y los tranquilizó.
Luego llegó el turno de decir algún discurso. Lo rodeaban cámaras, micrófonos, madres chismosas y niños que comían galletas mientras le prestaban la mitad de la atención.
—Mi nombre es Tenzin. Nací en un monasterio tibetano, donde aprendí que la paz no significa estar en silencio, sino estar en armonía. Aunque si pueden estar en silencio, mucho mejor, ¿verdad, Lalo?
Lalo se ríe
—¡Tiene cara de Santa Claus sin b