El dojo está a recién pintado, reluciente y oliendo a mezcla de incienso con pintura fresca y café —porque Tenzin, como buen monje moderno, no se resistía a un buen capuchino, expreso o mocachino para ofrecer a los adultos presentes.
Suzy camina de un lado al otro, revisando que las cámaras de los periodistas estuvieran bien ubicadas, que los profesores estuvieran listos y que Tenzin no estuviera más nervioso de la cuenta.
Las puertas del dojo de Suzy se abrieron por primera vez, y la emoción e