Angelo había pasado la mañana y gran parte de la tarde revisando documentos. Le había pedido a su papá que le envíe todo los archivos que aún tenía pendientes y Neilan se los había traido.
Estaba agotado, así que decidió tomarse un descanso. Sin poder evitarlo, pensó otra vez en la caja fuerte.
Observó el espacio vacío en el librero —había intentado abrir la caja fuerte antes, sin éxito—. La clave no era la fecha de su boda, tampoco el cumpleaños de su esposa y mucho menos el del suyo, aunque sa