LYON
De la nada sentí un escalofrío y un sudor frio por mi espalda baja. Joaquín me miro extrañado.
—¿Te sientes bien?
—No, de la nada mi piel se erizo. Qué raro. —Joaquín levanto una ceja.
—Lo raro es que te de un escalofrió estando aquí en tu despacho donde hace un calor, prende el aire acondicionado. —rodé los ojos.
—A veces olvido como es que terminaste siendo mi amigo.
—¡Yo traigo alegría a todos los seres del universo! —dijo con una sonrisa de idiota.
—Eres un payaso.
En cuanto Joaquín