El despertador sonó, pero Lena ya estaba despierta mucho antes.
No recordaba a qué hora había empezado a dar vueltas en la cama, con las sábanas enredadas a la cintura, la piel húmeda de sudor y esa presión en el pecho que se había convertido en una deuda permanente.
Tenía los ojos hinchados, la garganta seca y un cansancio raro en el cuerpo, como si hubiera corrido kilómetros sin moverse un solo paso.
Javier se movió apenas vibró la alarma, con esa facilidad irritante de quienes parecen despert