La caja de mudanza cedió con un crujido seco. Entre fotos amarillentas y ropa olvidada, apareció el diario de t***s desgastadas. Lo miré un largo rato antes de abrirlo, como si supiera que las páginas guardaban algo que aún podía hacerme sangrar.
Me senté en el suelo, rodeada de cartón y silencio. La primera entrada que encontré estaba fechada hace diez años. La tinta, borrosa en algunos trazos, me arrastró de vuelta.
Recordé esa tarde de abril cargada de tormenta. El aire olía a tierra mojada y