Capítulo 17: Límites
El viernes por la tarde se había convertido en un ritual predecible. Isaías llegaba a las seis en punto, Caleb corría hacia la puerta y yo me preparaba para el breve intercambio que aún me tensaba los hombros. Ya no era la mujer que bajaba la mirada. Me había cortado el cabello en un bob asimétrico que dejaba el cuello al descubierto y había empezado a usar colores que antes evitaba: rojo oscuro en los labios, una blusa de seda color vino que me recordaba que ya no necesitaba permiso para ocupar