DAFNE
Will se estaba poniendo la camisa con prisa, como si la culpa le quemara la piel.
Yo lo observaba desde la cama, tranquila, con una sonrisa lenta. No porque me importara él, sino porque me divertía verlo así. Nervioso. Avergonzado. Asustado.
El mejor amigo de mi hermana, me fastidiaba verlo casi todos los días en la casa. Hasta llegué a sospechar que tenía cierta obsesión conmigo.
—Esto no debió pasar —murmuró, abotonándose—. Se suponía que no iba a pasar otra vez.
Solté una risa.
—¿Otra