Ashley
—Ashley, no cabes en el auto.
Ethan lo dijo con la misma naturalidad con la que decía “pásame la sal”
Estábamos en el estacionamiento de la empresa. Tres autos cargados de maletas, empleados y expectativas de un fin de semana que prometía ser inolvidable. El auto de Ethan ya estaba lleno: Génesis en el copiloto, los gemelos en sus sillas de bebé ocupando todo el asiento trasero, mí madre entre los dos porque alguien tenía que impedir que Adam le arrancara la oreja al peluche de Adonias.