Ashley
Jimena pesaba menos de lo que aparentaba. O tal vez la adrenalina de una noche en urgencias me daba fuerzas que normalmente no tenía. Entre Dan y yo la subimos por las escaleras de su casa, la llevamos a su habitación y la recostamos en la cama con el cuidado de quien deposita algo frágil sobre una superficie que no confía del todo.
—Que bueno que mis papas no están, no vamos a decirles nada —me dijo Dan en voz baja,—. No todavía. Cuando vuelvan, Jimena ya va a estar mejor y podemos habl