GENESIS
El corazón me latía tan fuerte que sentía que me iba a salir por la garganta. Estaba en el apartamento de Deivyd y no lograba quedarme quieta. Caminaba de la sala a la cocina, de la cocina al pasillo, del pasillo a la ventana. Miraba el teléfono, lo dejaba. Lo volvía a ver. Volvía a dejarlo.
Acaricié mi vientre con suavidad, intentando calmar a mis bebés.
Ellos estaban inquietos. Como si sintieran mi ansiedad.
—Tranquilos… —susurré—. Ya va a pasar. Todo va a estar bien.
Pero ni yo me l