Adonias
Vi a Mía al final del pasillo y mi cuerpo hizo lo que mi cerebro no se atrevía: giró en la dirección contraria y aceleró el paso.
Crucé el edificio de humanidades por un pasillo que no conocía, bajé unas escaleras que no sabía que existían y salí al estacionamiento por una puerta lateral que olía a basura. Elegante. Muy elegante, Adonias.
Llevaba todo el día esquivándola. En la cafetería cambié de mesa cuando vi su pelo. En la biblioteca me escondí. Y ahora corría por un estacionamiento