Adam
—¿Eres Dafne?
La pregunta salió directa. Sin rodeos. Sin preámbulos. Porque ya no tenía tiempo para jugar y Morgana tampoco.
Morgana nos miró. Se sentó en la cama con la pesadez de una mujer que carga algo que la aplasta y que por fin decide soltarlo.
—No soy Dafne —dijo.
—Entonces por qué tienes su identificación.
—Porque la conocí. Fue mi amiga. Mi mejor amiga durante los últimos años de su vida.
—¿Los últimos años?
—Dafne murió, Adam. Hace años. Ya no está.
La frase me detuvo en seco. M