Adam
Llevaba una hora en la sala de espera cuando Valentina salió de la oficina del médico.
Tenía los ojos rojos pero no lloraba. Se quedó de pie en el pasillo como si no supiera para dónde caminar. Me acerqué lentamente a ella.
—¿Qué dijo el médico?
—Paro cardíaco. Lo estabilizaron pero sigue en peligro. Tiene que quedarse en observación.
Su voz se escuchaba perdida al igual que su mirada.
—¿Y tú cómo estás?
No respondió. Se quedó mirándome con la cara de alguien que necesita sostenerse de