Adonias
Los jueves se convirtieron en lo mejor de mi semana y eso me aterrorizaba.
Yo era un hombre de rutinas predecibles. Lunes a viernes: derecho. Sábados: estudio. Domingos: almuerzo familiar donde mamá me preguntaba si comía bien y papá me preguntaba si dormía suficiente y Adam me robaba la última porción de postre antes de que pudiera reclamarla. Todo medido. Todo controlado. Todo en su lugar.
Pero los jueves. Los jueves se habían convertido en una grieta en mi sistema. Una anomalía que y