Deivyd
Lo primero que escuché fueron los pitidos.
Constantes. Rítmicos. Mi corazón traducido a sonido por una máquina que hacía el trabajo de recordarme que seguía vivo.
Lo segundo que sentí fue el dolor. El pecho me ardía. Respirar era una negociación entre mis pulmones y algo que los aplastaba desde dentro.
Lo tercero que vi, cuando logré abrir los ojos, fue la cara de Ashley.
Estaba sentada en una silla junto a mi cama. Con el pelo recogido en un moño improvisado, sin maquillaje, con una cam