62. La Frontera del Diablo
El aullido aún vibraba en el aire cuando la manada comenzó a moverse, no hubo caos, no hubo dudas, solo acción. El claro en la manada Demon se transformó en cuestión de minutos.
Antorchas encendidas, armas desenterradas. Voces bajas dando órdenes precisas, cada lobo sabía exactamente qué hacer, como si hubieran estado esperando ese momento toda su vida. Hans caminaba entre ellos, observando, no como líder, como alguien que ya había cruzado una línea sin retorno.
—Revisen rutas —ordenó Arcelia —