45. Lealtad y el Temor
El silencio en la habitación se hizo pesado, roto solo por la respiración agitada de Zuke, que seguía luchando contra el dolor. Arcelia, sin perder tiempo, sacó un pequeño frasco de tónico de su bolsa. Sabía que si no actuaba rápido, el sufrimiento de Zuke empeoraría.
— Toma, esto te ayudará a calmar tus dolores — dijo Arcelia, entregándole el tónico con manos firmes pero compasivas.
Zuke bebió el tónico sin hacer preguntas, esperando que el alivio llegara pronto. Arcelia, por su parte, sabía q