Hesy se acercó sigilosamente a la fuente de las voces. Se asomó por una grieta en la pared, revelando una pequeña cámara lateral. La luz de las antorchas danzaba sobre las paredes, revelando una escena de desesperación. Dos hombres, con ropas de trabajadores, estaban en la cámara, golpeando las paredes con herramientas rudimentarias. Buscaban. Desesperadamente.
—No puede estar aquí —dijo Seti, golpeando la pared con su pico—. Hemos revisado cada recodo. Esto es una pérdida de tiempo.
—El visir